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Blog Miguel Refoyo

Tribuna de Salamanca

Cuando la secuela es un €˜remake€™ de conveniencia

La segunda parte de una de las comedias más taquilleras de la historia calca la estructura de su primera parte sin proponer algo de innovación o sorpresa.

Cuando en la azotea de un rascacielos Phil (Bradley Cooper) dice €œha vuelto a pasar€, nadie se imagina que se está admitiendo, a modo casi de €˜spoiler€™, que la película que está a punto de ver el espectador es casi idéntica a la anterior.

€˜Resacón 2: !Ahora en Tailandia!€™ recurre una idéntica fórmula, la de monumental y amnésica resaca que provoca otra incógnita movida por una elipsis total que obliga a la reconstrucción del puzzle provocado por la ingestión involuntaria de una mezcla de alcaloides. El hecho desemboca en una noche de brutal juerga que sume en el olvido posterior a todos los integrantes de esta parranda sacada de contexto.

De entrada, la gran decepción viene avivada por la paulatina falta de innovación, por la réplica de facilidad poco trabajada, donde el guión fusila la estructura de su predecesora narrando con exactitud los mimos pasos que abren la recapitulación sobre las convulsiones noctívagas de este grupo de amigos.

En €˜Resacón 2: !Ahora en Tailandia!€™ no hay sorpresas que vayan aportando frescura al desarrollo, ni novedades que dinamiten las expectativas previsibles. Lo que hace derivar en la triste extinción de la carcajada. A pesar de ello, Phillips no pierde de vista el tono gamberro, pasado de rosca y explícitamente desinhibido, sin obviar la vulgaridad, entroncando su humor al anverso de la corrección política.

Aquí no faltan alusiones a penetraciones transexuales, el tigre se sustituye por un mono capuchino que ejerce de camello y fuma como un carretero y hay €˜gags€™ en torno al robo de un monje budista en silla de ruedas, a dos mantones rusos, al dueño de una barra americana que quiere colocar una UZI o un dedo desmembrado con un anillo que pertenece al desaparecido.

Phillips intenta fascinar con su juego de trilero, mostrándose firme a la hora de dirigir acción y no dejar que la comedia decaiga en ningún momento. Sin embargo, sólo lo logra a veces, salpicado por aquellos destellos que en su predecesora eran una constante. La lástima, por tanto, es que en esta ocasión toda esa retahíla de barrabasadas innombrables del €˜slideshow€™ fotográfico de créditos se convierta en lo más divertido de la película. Es decir, que todo aquello que se exhibe en él deriva en lo más loco de la noche.

Y lo que fue la guinda a una abrasiva e inmoderada despedida de soltero increíblemente satisfactoria, aquí es el culmen que hace preguntarse al espectador por qué ha tenido que perderse lo mejor de la noche. Lo más irónico de todo es que se desarrolle Bangkok, ciudad que es la cuna de las imitaciones baratas, simbolismo perfecto para definir €˜Resacón 2: !Ahora en Tailandia!€™, que es una obviedad que no consigue sus objetivos. Al menos, si es que pensaron más allá de la recaudación final.

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