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Blog Miguel Refoyo

Tribuna de Salamanca

Cine transformado en arte

En su quinto filme, Malick filma su obra más personal y radical, con una fábula que indaga a través de la infancia y los valores familiares en cuestiones fundamentales que van desde la creación del cosmos hasta la muerte.
Terrence Malick es un cineasta iconoclasta, ajeno al marasmo promocional, casi fantasmal con la prensa que, ajeno a su fama de misántropo, continúa urdiendo su leyenda en su particular camino por conseguir la alquimia cinematográfica. ‘El árbol de la vida’ es su último milagro, el desafío de ese constante progreso personal y artístico que se define por un universo sensorial particular que deviene en la exploración de la profundidad del lenguaje, con un cine estimulante de estructura fragmentaria.

El cine de Malick no es convencional. Su narrativa puede llegar a parecer desconcertante, justificado en elipsis e imagen confluidas con voces en Off que formulan cuestiones alejadas de lo enraizado al prototipo. Su cine es radical, alejado del relato tradicional, en los contornos de una concepción poética del relato complejo, que desentierra el arte hacia un cine de sensaciones que rehúye a la lógica, al orden, a las normas, para florecer en imágenes que provoquen en el espectador diversas interpretaciones.

Su densidad abrumante no es apta para todos los públicos, provocando con ello una filtración a la accesibilidad de su filosofía discursiva, en este caso a través de una odisea temporal y transgresora que armoniza la memoria de una familia instaurada a finales de los años cincuenta, puntuada en los recuerdos infantiles de un hombre sumido en el vacío existencial y una solemne deliberación visual sobre los orígenes de la Tierra. Con estos mimbres, Malick teje su cinta más ambiciosa, más arriesgada y autobiográfica. La película con una muerte, la de uno de los hermanos de la familia O’Brien, abre con una pregunta: ¿cuál es el sentido de la pérdida de alguien contextualizado dentro de la eternidad?

Desde ese momento, se produce en el filme una fuerza retrospectiva, como un caudal caleidoscópico de imágenes sobre el origen del mundo con una concepción panteísta acerca de la pequeñez del ser humano ante toda la genealogía de la vida; la muerte y la destrucción contrapuestos a la subsistencia y la regeneración mediante los ciclos temporales, la extinción, la evolución de las especies examinados con imágenes de planetas, atmósferas galácticas, nebulosas, asteroides amenazantes, la constante lucha del Sol como eje de la vida, el agua como elemento de vida y muerte… y el germen natalicio del absoluto.

Ese aferramiento hipnótico por dibujar una agitación visual llevada al extremo sirve para capitular los rasgos vitales de una persona y analizarlo en conjunto con todo lo demás, la pauta para exponer la particular historia sobre el sesgo que supone el abandono de la niñez en la felicidad de un niño enfrentado a los condicionamientos de la vida familiar y su experiencia vital dentro de este contexto. Malick imprime con contundencia la configuración de un espíritu que le permite establecerse en un ámbito trascendental, situado más allá de los límites de los sentidos, donde inquiere en la pregunta sobre una energía vital, creadora de vida, sin afirmar ni negar la existencia divina.

‘El árbol de la vida’ es una cinta sobre el dolor y la búsqueda de la vida, pero también lo es sobre el perdón, visualizando su origen en ese dinosaurio que condona la vida de otro más débil en un momento de piedad. Una película espiritual e íntima, dolorosamente romántica, que sublima su iconografía minimalista, de imágenes simbólicas, llenas de sentimiento y visualidad a la hora de declinar la materialidad obsesiva y especular sobre la confrontación dicotómica y abstracta entre la divinidad y la naturaleza.

Una obra poética capaz de hacer sentir instantes, fragmentos de vida con todo lujo de detalle, sumida en la esencialidad percibida como arte indescifrable y fascinante que magnifica la destreza como director de Malick al captar el intimismo con el que se cuestiona sobre la vida y la muerte alejado del dramatismo. ‘El árbol de la vida’ es una experiencia total con la capacidad de no dejar indiferente a nadie.

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