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Tribuna de Salamanca

El “encebollamiento” como germen del avance tecnológico

La razón más común para los avances tecnológicos suele ser la propia necesidad. La gente se frustra ante situaciones que no le son favorables y decide poner todo su empeño en crear algo que les ayude a superarlo. Esto ha sido así desde los albores de la humanidad pero hay episodios concretos que son dignos de conocerse en detalle.
Alguien que, como decimos coloquialmente, se “encebolla”, es muy peligroso porque pone todo su intelecto a funcionar las 24 horas al día hasta que soluciona un problema (o se vuelve loco…).

El caso que me gustaría contar hoy es el de Almon Brown Strowger, que así dicho no suena de nada. Este señor, que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, fue el inventor de la conmutación automática de llamadas telefónicas.

Habréis visto muchas veces en películas antiguas cómo, al descolgar el teléfono, se hablaba con una operadora y se le decía a quién se quería llamar. Ella con unos cables unía la línea de la persona que llamaba con la línea del destinatario de la llamada, de tal manera que la comunicación se pudiera llevar a cabo.

Nuestro amigo Almon tenía una funeraria en las proximidades de Kansas City, Misouri. Pero resulta que en dicha zona también operaba otra funeraria y la operadora teléfonica del pueblo era la esposa del dueño de la funeraria competencia de nuestro amigo Almon.

Esto significaba que cada vez que alguien hablaba con la operadora para decir que alguien se había muerto para que le pusiera en comunicación con la funeraria, ésta desviaba la llamada a su marido, nunca a la funeraria de Almon.

Almon, viendo que el negocio se le iba al traste, se “encebolló”. Y durante semanas, meses, pensó cómo acabar con el problema. Y finalmente creo la primera centralita de conmutación automática de llamadas en 1892, lo cual a medio plazo, terminó con el trabajo de las operadoras para siempre.

Almon vendió la patente en 1896 por 1.800$ (de los de entonces) y dos años después, en 1898, sus acciones en la empresa que fabricaba las centralitas por 10.000$ (de los de entonces) y se mudó a Florida donde abrió de nuevo un negocio fúnebre, esta vez sin que nadie le pudiera sabotear el negocio.

Lo que también es curioso es que en 1916, la patente se revendió por 2,5 millones de $ (también de los de entonces) a una compañía más conocida: American Bell Telephone Company, el germen de AT&T en USA, la telefónica de américa.

Un bonito ejemplo de cómo un “encebollamiento” puede crear algo maravilloso para que todos avancemos. Así que pensad todos con los ojos cerrados en todo aquello que estropea vuestro día a día y dadle al coco a ver cómo podemos crear algo que lo ANIQUILE!!!!

Seguiremos informando

Javier Castellanos
Twitter: @judicatario

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