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Blog Félix Oliva

Tribuna de Salamanca

De la Operación Salida a la cárcel

Las advertencias se escuchan desde hace tiempo: cuidado con lo que hacemos al volante, que nos puede llevar a la cárcel. Y no es broma. La semana pasada, uno de los dirigentes de Instituciones Penitenciarias dio a conocer un dato escalofriante: el año pasado más de 700 conductores ingresaron en prisión por delitos relacionados con la circulación. La cifra no es alta ni baja, sino vergonzosa. Pero es lo que hay, y con estas mimbres el cesto que nos espera es el de aumentar el cerco contra los que no saben comportarse al volante.

No voy a ser yo el que rompa una lanza a favor de aquellos que conducen bajo los efectos del alcohol o las drogas, los que circulan bien por encima de los 200 km/hora o haciendo todo tipo de cabriolas. La situación es para ellos la que debe ser, la de no pasar una y hacerlo quitando puntos, retirando carnés y, al final, sacándolos de la carretera. Pero no basta con esto. La propia DGT sabe que detrás de estos comportamientos hay, más que malos conductores, personas con problemas de índole más sanitaria y social que otra cosa: alcoholismo, depresiones, desinserción€Ś Así que urge operar medidas adecuadas.

En su lugar, la DGT y la Fiscalía de Seguridad Vial han decidido dar otra vuelta de tuerca a la estrategia que más frutos ha dado en la política de seguridad vial, que es la de la vía penal. La inclusión de esta figura, que hace que aquellas conductas más flagrantes se conviertan en delito, está detrás del ingreso en prisión o de ideas como la de quitarle el vehículo a aquellos conductores protagonistas de acciones muy graves. El problema, como siempre, es donde poner el límite.

En su informe de 2010, el fiscal de seguridad vial ha introducido una serie de pautas para la actuación de las autoridades en el caso de accidente en los que se produzcan heridos graves o muertes. La primera, que en todos los casos se remitirá información a la Fiscalía de Seguridad Vial y la segunda, imputar delitos de homicidio imprudente o lesiones imprudentes en una serie de supuestos: conducir con más de 2,5 miligramos de alcohol en sangre y hacerlo 20 km/hora por encima del límite en carretera o ciudad y 30 km/hora en autovías y autopistas son dos supuestos claros.

Pero también entran el usar el móvil, pero también auriculares o cascos (Âżpor qué no el manos libres? Despista igual), no respetar la distancia de seguridad, la desatención a las circunstancias del tráfico€Ś situaciones muy frecuentes para muchos conductores y que, si media la circunstancia de un accidente con heridos graves o fallecidos, nos pueden llevar a la cárcel: de 1 a 4 años por homicidio imprudente y de 3 meses a 3 años en el caso de lesiones.

Además de echar más trabajo sobre el saturado sistema judicial, esta nueva vuelta de tuerca puede convertir en criminales a muchos conductores. Y muy pronto: este mismo agosto, en las operaciones salida, se pone en marcha el plan piloto para remitir todos los accidentes con víctimas graves a la Fiscalía. Sí, ya lo sé, es por nuestra seguridad y no tengo nada en contra de que los 200 conductores que han perdido dos veces todos los puntos de su carné en cinco años no vuelvan a coger un coche.

Pero igual castigar con prisión algunos de los supuestos que se contemplan (por ejemplo, atropellar a un peatón y causarle heridas graves mientras conducimos con auriculares) está en el límite de lo que es necesario reinsertar previo paso por el penal.

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