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Blog de Conrad Kent

Tribuna de Salamanca

The Great Battle of Salamanca (La gran batalla de Salamanca)

London: J[ohn]. Pitts, 1-IX-1812 . Grabado: [George Thompson]. Cobre; aguafuerte. Iluminación de época 334 x 455 mm. National Army Museum
Las columnas de soldados enfrentados se escalonan hasta un puente rudimentario con un esbozo de la ciudad de Salamanca. Sin romper la impresión unitaria de un conjunto rítmico y uniforme, las capas de humo forman las distintas fases del relato. Entre explosiones de la artillería, que cercan a los soldados en grandes globos de humo, los regimientos de infantería, en orden cerrado, componen agudas bandas con sus bayonetas, que llegan hasta la ciudad, bosquejada en la lejanía. La clave explicativa también llama la atención sobre los franceses que huyen de la batalla.

En primer término se refleja el ataque de la caballería pesada de los aliados contra la artillería francesa, impotente ante el avance de aquéllos. El aigle solitaria en el asta sin bandera marca la posición de los imperiales y alude a las dos águilas francesas tomadas por las tropas de Wellington. Un soldado francés degollado simboliza el fracaso de l´Armée de Portugal, y otro caído en el centro inferior de la imagen incluso parece tratar de escapar de un perro, que representa la pesadilla de la guerra. Para realzar la contraposición entre los regimientos británicos y los franceses, los uniformes se simplifican: los británicos van vestidos de rojo con el chacó stovepipe, y los franceses vestidos de azul. El color de los uniformes de la artillería francesa y los bicornios sirven tanto de contraste estético como de ilustración de un episodio de la batalla.

Como soporte anecdótico de la escena principal, el término medio y el fondo se llenan de alusiones emblemáticas. A poca distancia, envuelto en la humareda, Wellington observa la contienda con su edecán. En el centro, el general William Carr Beresford hace avanzar a la 3ª Brigada portuguesa de la 5ª División del general Leith para flanquear al enemigo. Por su papel decisivo en la formación de los caçadores portugueses, el grabador realza el papel del general irlandés en la batalla donde fue herido.

Salamanca y el pueblo de Arapiles completan el conjunto. Aunque la imagen no coincide con la topografía de la zona, la leyenda escrita al pie confirma que se trata de Salamanca, y muy cerca, enclavado en el Pico de Miranda, Arapiles, que en realidad no está situado en zona escarpada, ni próxima a la capital.

Esa manipulación de la topografía es un intento de enriquecer las imágenes de Salamanca. La Sierra de Béjar, en la lejanía y al sur, aporta su propia geografía fantástica, recreada estéticamente para añadir un trasfondo dramático imaginario, con una orientación caprichosa y una interpretación muy libre de los montículos de Los Arapiles –el Chico y el Grande–, el Monte de Azán, el Teso de San Miguel, el Sierro y los altos de Calvarrasa de Arriba.

A pesar de su aparente tosquedad, este grabado confeccionado como hoja popular no es obra de un artesano inexperto. Delata la mano del grabador y editor escocés George Thompson, que suministra estampas sobre papel basto a editores que comercializan imágenes de actualidad. El mismo año, Thompson graba y publica en Londres una lámina parecida y de las mismas dimensiones de la batalla de Almaraz, de mayo de 1812

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