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Blog César Brito González

Tribuna de Salamanca

Pancartas y urnas

El sector educativo se ha echado a la calle para protestar por los recortes que le afectan. No sé con qué grado de éxito aunque, honestamente, no creo que importe mucho. ÂżPor qué? Pues porque se trata de la educación, señores. Es decir, de la ramera de todas las administraciones y el comodín de los sindicatos, las agrupaciones de profesores, de alumnos€Ś De todo quisqui, vamos. €œLa educación es lo que importa€, dicen por ahí. €œInvertir en educación es invertir en futuro€, cuentan en las pancartas. ÂżEn serio? No sé por qué, pero no termino de creérmelo. No con nuestro currículo.

ÂżPor qué se alzan inflamadas protestas ahora y no se ha plagado la calle de indignados con las sucesivas €“ y calamitosas €“ reformas educativas, de las que tenemos un buen rosario de ejemplos, sin importar el signo político de sus responsables? ÂżPor qué hemos consentido que la preparación media de nuestros jóvenes, aún teniendo infinitas posibilidades, más que sus padres y abuelos, sea tan sólo €œmejor€ y, con todo, tenga deficiencias tan notables? ÂżPor qué a infinitas posibilidades no equivalen infinitos resultados? ÂżPor qué las cifras de los informes PISA siguen dando tanta vergĂźenza, si miramos los datos de España, y nadie se ha echado a la calle a €œcacerolear€ hecho una furia por ello? Pues porque hemos permitido que la educación esté en las manos equivocadas y que se convierta en el saco de arena de todos. Y no es algo de ahora, no tiene nada que ver con la crisis. Tiene que ver con la irresponsabilidad de nuestros políticos y con nuestra ceguera y mezquindad como votantes.

A todos €“ políticos y votantes, antes y ahora €“ se nos ha llenado la boca con un mantra que, por haberse voceado tanto, se aproxima al abismo del vacío más absoluto: Educación Pública y de Calidad. ÂżQué significa eso exactamente? ÂżAlguien lo sabe?

ÂżLa educación pública es, por definición, mejor que la privada? Más accesible, sin duda. Pero, Âżmejor? Soy €œhijo€ de la educación privada y concertada y, si bien nunca fui un alumno brillante, sí conocí a  compañeros que sí lo fueron y habrían destacado tanto en la Ponti como en la civil. Lo hacen en sus respectivas carreras profesionales, de hecho. Las mismas carencias de fondo existentes en la educación pública están presentes, en mayor o menor medida, en la educación privada

ÂżMe convierte el título pontificio automáticamente en un €œfacha€, un hijo de papá, en un vago al que le regalan las notas? ÂżSólo el modelo público es digno de consideración? ÂżEstá la educación pública plagada de €œrojos€? Desengáñense, porque ninguno de esos supuestos se ajusta a la realidad. Con lugares comunes y tópicos no se avanza. Se avanza profundizando en los problemas y en sus orígenes.

Educación de calidad. ÂżAlguien sabe qué es eso exactamente? ÂżQué es lo que otorga la vitola de pata negra a la educación? Me temo que nadie es capaz de responder a la pregunta y, por eso, me resulta algo sarcástico ver la demanda de calidad educativa en las pancartas, cuando prácticamente nadie sabe qué es lo que está pidiendo. El gritar €œeducación pública y de calidad€, el lanzarse a la huelga enarbolando lemas apolillados e indignarse, a pesar de contar con toda la legitimidad del mundo, tendrá escaso efecto real, me parece. De haberlos, veremos los daños que causan los recortes en las estadísticas de abandono escolar y los datos de competencia de los alumnos, en comparación con compañeros suyos de otros países, que es lo que realmente cuenta.

La educación es importante. Quizás lo más importante, estoy totalmente de acuerdo. Pero lo es ahora, cuando se mete la tijera al presupuesto educativo tan irresponsablemente, tanto como lo era antes, cuando se permitió que, a través de la educación, en los colegios y universidades se dirimieran batallas religiosas, políticas, ideológicas y hasta territoriales y lingĂźísticas sin tener en cuenta, ni el contenido, ni la significación, ni la utilidad real de lo que se enseñaba. Ni por supuesto a los destinatarios de esa educación, que en definitiva, son de quienes dependeremos el día de mañana. La crisis tiene que ver, pero el problema educativo español no es nuevo. Y no se soluciona en las calles, señores. Se soluciona en los colegios y, sobre todo, en las urnas.

pasaportecharro@gmail.com

Twitter: CesarBritoGlez

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