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Blog Ana Belén Martín

Tribuna de Salamanca

'Psicología y oncología'

Esta semana, paseando por Facebook, leí una noticia que dio lugar a un buen debate sobre el papel del psicólogo en la intervención con pacientes oncológicos ya que un juez proponía que el médico no sea el que tenga que informar al paciente y que lo haga otro tipo de profesional. Me pareció un tema interesante y os voy a contar mis reflexiones acerca de ello.
Por supuesto, creo que nadie pone en duda el papel que este profesional de la salud tiene en cuanto a la información que debe recibir el paciente y su familia. El médico o, habitualmente, el especialista en oncología, debe facilitar la información más técnica, es decir, cuál es el diagnóstico, en qué consiste, que consecuencias conlleva y todo lo relacionado con el tratamiento. Creo que todos estaremos de acuerdo.

Pero, ¿qué tal lo llevaría el paciente y su familia si en ese momento estuviera presente un profesional de la salud mental, preferiblemente un psicólogo, que además les prestase su apoyo profesional durante todo el proceso?

Sé que tal y como están las cosas, no está “el horno para bollos” pero, cuando vaya mejorando el panorama económico, ¿no sería una buena propuesta en materia de sanidad? Personal y profesionalmente, considero que sí. De hecho, este servicio ya existe aunque tiene un papel muy limitado y no está generalizado.

El hecho de contar con alguien que empatice con las emociones del paciente y su familia, simplemente el tenerlo ahí, ya puede suponer una mejora importante en la atención a dicho paciente. El psicólogo puede perfectamente complementar la información facilitada por el médico, con la debida formación, y explicarlo en un lenguaje más accesible y más adaptado a la realidad sociocultural de quien tiene delante, algo que un médico no tiene por qué estar tan preparado para llevar a cabo.

Sin embargo, creo que lo más importante no se queda en este aspecto, sino en todo el proceso de acompañamiento que debería estar presente mientras dure la enfermedad, en el transcurso del tratamiento y el tiempo que sea necesario hasta la total recuperación de la persona en todas sus facetas porque, no olvidemos que, aunque el cuerpo haya “sanado”, las alteraciones en el bienestar emocional y en otras facetas de la vida pueden continuar presentes.

Si el paciente y su familia disponen de un psicólogo que les ayude a afrontar la situación, que les proporcione estrategias de gestión del estrés que la enfermedad y todo lo relativo a ella conlleva, que cuide de su salud mental, que les ofrezca apoyo, comprensión, empatía y, sobre todo, que les haga sentirse escuchados y atendidos, estoy segura de que el proceso de recuperación, en el más amplio sentido del término, sería más rápido y los resultados mucho más satisfactorios.

Y si, además, este psicólogo puede coordinarse con otros profesionales de las distintas áreas de la vida del paciente (profesores, jefes,…) para facilitar la readaptación a la vida cotidiana, ya el éxito estaría prácticamente asegurado si la propia enfermedad lo permite.

Bueno, eso es lo que pienso, aunque no sé si algún día se podrá hacer realidad. FELIZ NAVIDAD.

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