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Blog Ana Belén Martín

Tribuna de Salamanca

Los niños ante el divorcio. Algunas pautas...

Es una realidad social que el divorcio sigue estando presente y que en no pocas ocasiones hay niños de por medio. Por este motivo, me ha parecido acertado exponeros hoy algunos consejos, pautas, datos… que puedan ayudar a quienes se encuentran en tal situación o a quienes se vayan a ver en ella a afrontarla mejor de cara a los niños, que, al fin y al cabo, se ven inmersos en algo que no pueden manejar solos.
El hablarle a los niños acerca del divorcio es difícil. Los siguientes consejos pueden ayudar a los niños y a los padres con el reto y el estrés sobre estas conversaciones:
  • No se debe mantener en secreto ni esperar hasta el último momento.
  • Es conveniente contárselo a los hijos ambos cónyuges juntos.
  • Hay que mantener las cosas de manera simple y directa.
  • Se les debe decir que el divorcio no es culpa suya.
  • No se debe ocultar que este proceso será penoso y desconcertante para todos.
  • Asegurar a los hijos que los dos todavía los quieren y que siempre serán sus padres.
  • No se debe discutir con los hijos sobre las faltas y problemas del otro cónyuge.

Lo más importante es hablar con la verdad, en términos claros y sencillos, adecuados al nivel de desarrollo de cada niño; aclararles lo que está pasando o lo que va a ocurrir, pero insistirle mucho en que el cariño y el cuidado tanto del padre como de la madre permanecerá siempre igual.

La explicación del porqué, que siempre preguntan los hijos, será variable y difícil de acuerdo a las diversas situaciones involucradas en el hecho. La más adecuada es la de hablar sobre una absoluta falta de entendimiento de la pareja o sobre la imposibilidad de convivir juntos. Hay que hacerles entender que no tienen la culpa del divorcio pero que éste es definitivo.

Se debe evitar toda clase de “mentira piadosa”, explicaciones como que el padre o la madre “se fue de viaje”, ya que crea falsas esperanzas en los niños. Cada cónyuge debe tratar en lo posible de conservar en los hijos la imagen del padre o de la madre que los niños se formaron antes del divorcio. Se deben proteger las opiniones positivas que los niños tengan de ambos padres. Hay que intentar mencionar los puntos buenos del padre/madre ausente, los negativos es mejor desahogarlos con otros adultos. Nunca se les debe pedir que tomen partido; los niños tienen que sentir lealtad por ambos padres.

Si los hijos muestran cambios conductuales, emocionales o físicos indicativos de profunda afectación por el divorcio, es conveniente que los padres busquen ayuda especializada, en primer lugar con el pediatra y, si no, con un especialista en conducta infantil.

Hay que asegurarles a los niños que ambos padres los quieren; que la separación es sólo de la pareja, no de los hijos. Mantener la rutina diaria lo más normal posible y asegurarles que serán visitados por el padre que no vive con él y que éste les quiere mucho.

Conviene ayudar a los hijos a expresar sus sentimientos dolorosos. No se les debe cargar con sus propios problemas y hay que evitar expresarse mal de su padre/madre delante de ellos así como discutir con la ex pareja en presencia de los hijos.

En resumen, el divorcio de los padres es una situación de crisis que afecta a toda la familia pero que no representa en sí un trastorno psicológico para los hijos, ya que depende de cómo los padres manejen la situación.

Los niños tendrán menos problemas si saben que su mamá y su papá continuarán actuando como padres y que ellos los seguirán ayudando aún cuando el matrimonio se termine y el padre y la madre no vivan juntos.

Las disputas prolongadas acerca de la custodia de los hijos o la coerción a los niños para que se pongan de parte del papá o de la mamá les pueden hacer mucho daño a los hijos y pueden acrecentar el daño que les hace el divorcio. Las investigaciones demuestran que los niños se desarrollan mejor cuando los padres tienen la capacidad de cooperar para su bienestar.

Las reacciones de los niños frente al divorcio son muy diversas y varían mucho de acuerdo a la edad de los mismos:

a. Los niños menores de tres años: pese a su corta edad, logran captar la tristeza y preocupación de sus padres y tornarse irritables, llorosos, miedosos y agresivos; es posible que aparezcan trastornos del sueño y conductas regresivas.

b. Entre los cuatro y los cinco años de edad: los niños suelen culparse de la infelicidad de los padres y temen ser dejados; pueden tener pesadillas y fantasías de abandono.

c. Los niños de edad escolar: pueden manifestar tristeza y preocupación y presentar conductas agresivas tales como malos modales y oposición porque sí; muchos se sienten atrapados en conflictos de lealtad y no sería sorprendente que disminuya marcadamente su desempeño escolar.

d. Los adolescentes: ponen de manifiesto una autonomía emocional prematura, cuestionando a sus padres e intentando manejar la vida según su parecer y poniendo a prueba la autoridad de los mayores.

No desconocemos que toda crisis implica dolor y que es imposible evitarla. También sabemos que toda crisis termina un día y que vuelve a restablecerse un nuevo equilibrio, y que ello generalmente sucede dentro del año a los dos años del divorcio.

Partimos del concepto que el poder pedir ayuda, el hablar y reflexionar acerca de lo que nos sucede, son pasos necesarios para la elaboración del problema. Lo importante es sentir que podemos estar acompañados por la familia y los amigos. Si ello no fuera suficiente, existen unos recursos que la sociedad nos brinda y que están a nuestro alcance: el pediatra, el psicólogo, el mediador, los grupos de apoyo. Todos ellos están preparados para recibir a quienes los necesitan.

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