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Blog Ana Belén Martín

Tribuna de Salamanca

El cuidador quemado

La pasada semana comencé a tratar el tema de los mayores con un post que intentaba ser práctico de cara a un cambio vital que suele producirse en la vida de toda persona que llega a una determinada edad y requiere de ciertos cuidados y servicios. Esta semana, seguimos con nuestros abuelos pero, cambiamos de perspectiva y nos centramos en aquellos que los cuidan, sobre todo, los hijos o hijas que acogen en su casa a padres y suegros. En ellos puede surgir el síndrome del cuidador quemado sobre el que voy a ofrecer algunos datos a continuación.

En realidad, este artículo formó parte de uno de los boletines del Colegio Oficial de Trabajo Social de Salamanca y Zamora pero, debido a que dicho boletín es sólo para los colegiados, creo que puede ser de interés hacerlo extensivo a todos vosotros, para aquellos a los que les pueda venir bien o se encuentren en la situación de cuidador primario de un familiar.

Comenzamos con una clasificación utilizada por los sociólogos que divide a las personas en cuatro clases: los ex cuidadores, los cuidadores, los futuros cuidadores y los que van a necesitar que los cuiden. Un 50 % de los que ya son cuidadores padecen síntomas depresivos, ansiedad un 30 %, un 37 % deterioro del patrón del sueño, un 56% dolor crónico y un 24% cansancio en el rol de cuidador.

Cuando hablamos de cuidador, nos referimos a cualquiera que se dedica a cuidar a otros que están limitados por enfermedades crónicas, discapacidades,€Ś de manera que les ayudan con las tareas básicas y / o con otras tareas relativas a la enfermedad o incapacidad de la persona.

Llegamos entonces a lo que se conoce como síndrome del cuidador quemado (burnout) y que se define como el deterioro o agotamiento producido por la demanda excesiva de recursos físicos y emocionales que lleva consigo la realización de una determinada actividad (el cuidado del €œpaciente€). Es un síndrome de agotamiento emocional, de despersonalización y de reducción de la capacidad personal.

Los síntomas más frecuentes son: cefalea tensional, agotamiento, fatigabilidad, insomnio y trastornos gastrointestinales, síntomas que, habitualmente, no tienen una causa orgánica y que frecuentemente se asocian a quejas físicas y dolores.

Pero no todos los cuidadores desarrollan este síndrome. Muchos expertos creen que esta diferencia se puede explicar por factores subjetivos como lo que los cuidadores sienten acerca de su función, su pasada y actual relación con la persona cuidada y su capacidad para hacer frente a los problemas. Algunos cuidadores creen que ciertos comportamientos son particularmente estresantes, incluyendo la agresividad, combatividad, incontinencia y el errar sin rumbo y sin avisar,€Ś Otros dicen que su estrés es debido a que no tienen suficiente descanso, privacidad, ayuda o tiempo para ellos mismos.

En ocasiones, esta situación del cuidador quemado deriva en la aparición de uno de estos síndromes extrapolados de los síntomas psicológicos que presenta el burnout: el síndrome del odio a los cuidados (falta de entusiasmo por los cuidados, dificultad para levantarte e iniciar los cuidados, depresión, tensión, pensamientos del tipo €œÂżpor qué molestarse si esto no tiene cura?€, etc.) y / o el síndrome del debo hacerlo todo (excesivo compromiso y dedicación, aumento de las horas de €œtrabajo€ pero con menor productividad, disminución de sensibilidad hacia el €œenfermo€, pensamientos como €œsólo yo trabajo€,€Ś).

Para detectar la posible presencia de este síndrome en el cuidador, debemos estar atentos a los siguientes signos de alarma: cambios de comportamiento no habituales; cambio de actitud hacia los €œenfermos€ que pueden ser vistos, por primera vez, como difíciles, pesados, no cooperativos, problemáticos, etc.; cambio de actitud en relación a otros cuidadores; rechazo a iniciar los cuidados; intensificación de los mecanismos de defensa; disminución de la autoestima; rigidez de conducta; cambios físicos; cambios emocionales y trastornos en los hábitos de vida (trastornos del sueño, del apetito y / o sexuales).

Concluyo este post con una afirmación de vital trascendencia para el cuidador: €œSi quieres /tienes que cuidar de otra persona, debes cuidar primero de tí mismo".

FELIZ DÍA DE LA MADRE

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