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Blog Ana Belén Martín

Tribuna de Salamanca

“5 de cada 100”

“A pesar de que existen diez millones de españoles que padecen trastornos mentales, solamente se destina cinco de cada diez euros a esta causa, una cifra inferior a la media europea, según se desprende del Informe INESME “Presente y Futuro de las Enfermedades más Prevalentes” presentado este miércoles en Madrid”. Así comienza un triste artículo publicado en ElEconomista.es el pasado 15 de diciembre.
Ya hice mención en uno de mis primeros post al hecho de cómo está afectando la crisis económica en la que estamos sumergidos a la salud mental de los españoles, pero, en ese momento, me centré en el aumento del número de personas que se ven afectadas por algún trastorno, aunque sea en un grado leve.

Sin embargo, hago énfasis en este momento en cómo dicha crisis está afectando a la atención a los pacientes, tanto en cantidad, como en calidad pero siempre partiendo de la acertada opinión del doctor Celso Arango, coordinador del informe INESME: “En tiempos de crisis no se puede pedir una mayor financiación, pero sí un reparto más justo de la existente”.

Pero, entre que no llega dicho reparto justo y que se están aplicando continuos recortes a las partidas presupuestarias sanitarias, lo que tenemos al final es una atención psiquiátrica y psicológica deficitaria en la que los profesionales tienen las manos atadas y no pueden ayudar a sus pacientes “como dios manda”.

Entre esta escasez económica, uno de los aspectos peor parados es la detección temprana de los problemas de salud mental. Temprana en el sentido de poder atender a la persona antes de que la situación derive en un trastorno más grave, por ejemplo, y temprana en el sentido de fijarnos en los niños y adolescentes para poner en marcha sistemas de prevención de aparición de estos trastornos, tanto en estas edades, como en la etapa adulta ya que no debemos olvidar que muchos problemas de salud mental han tenido su caldo de cultivo original en la infancia y la adolescencia.

Entre tantas medidas de ahorro, otro de los aspectos delicados está en la prescripción de fármacos genéricos. ¿Qué pasa entonces con aquellos medicamentos cuya mayor eficacia está demostrada pero que, por ser nuevos y tener patente comercial, el profesional de la salud mental no puede recetar? Y, lo más importante, ¿qué pasa con ese paciente que tiene que conformarse con una “media recuperación” porque debe mantener su antiguo tratamiento farmacológico aunque existan nuevas medicinas más eficaces y con menos efectos secundarios?

Puede parecer superficial pero es una cuestión que repercute en muchísimos aspectos de la vida cotidiana como puede ser el clima familiar o la posibilidad de mantener o acceder a un puesto de trabajo.

Yo abogo por abandonar el espíritu conformista y luchar firmemente por todo aquello que creemos justo y necesario para nuestra salud porque, si no cuidan y cuidamos nuestra salud… ¿de dónde van a salir los trabajadores que saquen adelante este país?


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