Silueta alberto arija original

Arija Station

Alberto Arija

UN PAISAJE QUE MARCA CARACTER

Una niña de siete años se vio obligada a defenderme porque alguien hablaba de mi como un hombre constantemente serio y enojado: “Alberto no está enojado. Alberto es como el sitio donde nació: un lugar donde las casas salen de la tierra y la gente habla así, con pocas palabras porque son como el paisaje”.

Exactamente. Ahora que vivo a miles de kilómetros, cuando vuelvo a mi tierra se me hace más patente el influjo que el clima y el decorado provocan en aquellos que nacen o desarrollan su vida en la Castilla profunda de la que procedo. Soy castellano. Acostumbrado a un paisaje adusto, que marca para siempre el carácter de los que lo habitamos. Yo siempre digo que el hecho de que mi tierra esté en plena llanura hace que se nos vea venir y nos convierte en gente sin vueltas. Que vamos a lo práctico.

En la plaza principal de algunos de nuestros pueblos aún se levantan los “rollos de justicia”, o “picas”, en las que se ajusticiaba a los condenados ante los vecinos del pueblo, quienes tomaban nota de lo que ocurriría si se saltaban la ley. En ellos el peso de la ley humana o divina caía con toda su fuerza. La estética del adobe, esa mezcla del barro y la paja hace que las edificaciones se confundan con la tierra si las miramos desde lejos y no se distinga qué son unas y qué es otra. El sol y el frío seco han abierto las grietas de la piel de los campesinos y los pastores que han soportado durante siglos las heladas, la nieve y el sol de justicia que han caído implacablemente sobre el campo y que nos han hecho duros. Exactamente: somos duros de aspecto y de emociones, aunque por dentro llevemos la procesión.

 

Siglos y siglos nos han dejado el legado de la piedra esculpida o la mayor concentración de Románico de Europa. El paso de culturas y formas diferentes de entender la vida nos han aportado esa forma de mirar las cosas que puede parecer inalterable, pero que únicamente es el resultado de observar con perspectiva. Dicen de nosotros que pondremos el mismo semblante ante el paso de una procesión de Semana Santa que viendo pasar un desfile de samba. Y seguramente es cierto porque hay pocas cosas que no hayamos visto ya.

 

Castillos, iglesias, canales, palomares y acequias que llevan el agua a lugares de secano, surcos de tierra ocre que pintó Caneja o que dan vida los alfareros y ceramistas de la zona. Remansos de sombra en una zona escasa de árboles y nidos de cigüeñas en las espadañas salpicadas aquí y allá, rompiendo la monotonía de la vasta llanura.

 

Desde aquí espero que este final de año sea un momento de mirada hacia adelante porque poner la vista en el horizonte es mantenerse vivo. Desde mi estación de inicio, en la Castilla en la que nací, quedo ahora en mi paseo mudo y tranquilo por las calles casi vacías y estrechas de los pueblos palentinos y aspiro el aire seco y limpio que huele a campo y al frío de la nieve. Os deseo un 2015 lleno de todas las cosas que estéis buscando.

 

Por un año lleno de grandes encuentros y descubrimientos desde esta estación. 

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