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Andadas

Celia Sierra Moreno

Tiene Buenos Aires… ¡qué se yo!

Si hace unas semanas hablábamos de Roma y comentábamos que se preparaba para un nuevo cónclave, hoy viajaremos hasta Buenos Aires, la ciudad natal del Papa Francisco y una capital con un encanto tan especial que es imposible no rendirse a ella.

Cientos de canciones se han escrito sobre ella, sobre sus calles, rincones y personas tan melosas y sensuales como los tangos que se escriben en los arrabales.

 

Lo primero que pensé cuando llegué a Buenos Aires fue que me recordaba mucho a París. Sobre todo por la forma de muchos de sus edificios y los tejados de pizarra de muchas construcciones. Luego pensé que me recordaba a Madrid. Por la amplitud de sus avenidas y por las zonas verdes. Y más tarde descubrí que Buenos Aires no se parecía a ninguna de las ciudades que había visitado hasta ese momento. La capital argentina es una ciudad que te pone una sonrisa bobalicona en la cara en el mismo momento en que pisas el aeropuerto de Ezeiza y entiendes que es porque la gente baila por en cada plaza, porque se demuestran amor en la calle y porque no se avergüenzan de hacerlo. En Buenos Aires descubres que la vida puede ser mucho más fácil de lo que lo que creemos nosotros.

 

La mejor forma de conocer esta ciudad es perderse; sentaos a contemplar el obelisco de la plaza donde se juntan las Avenidas 9 de Julio y Corrientes y luego empezad a andar por cualquiera de las calles de alrededor. Este obelisco fue inaugurado en 1936 y en cada una de sus cuatro caras se encuentran grabados cuatro hechos históricos relacionados con la ciudad.

 

Situada entre la Avenida de Rivadavia y San Martín está la catedral Metropolitana, un templo neoclásico construida en el siglo XVIII y en cuyo interior se encuentran los restos de José de San Martín, una de las figuras históricas más importantes de Argentina.

 

No muy lejos de allí se encuentra la curiosa Plaza de los Dos Congresos. Y digo curiosa porque está formada por varias plazuelitas con un monumento cada una. La más famosa y visitada es la que tiene una perfecta reproducción de “El Pensador”, de Rodin. Otro de los monumentos que adornan esta gran plaza es el monumento a los Dos Congresos; de ahí su nombre.

 

Y si hay un lugar emblemático en Buenos Aires, ese es la Plaza de Mayo. Se considera el centro político de la ciudad ya que ha sido testigo de numerosas manifestaciones a lo largo de los tiempos. Una estampa curiosa se produce los jueves a mediodía cuando las madres de niños desaparecidos durante la dictadura de Videla se siguen reuniendo allí para continuar con su lucha. Son las conocidas Madres de Mayo, protagonistas de cientos de historias y canciones que seguirán reuniéndose cada jueves mientras les duren las fuerzas para que la gente recuerde y les acompañe en su sufrimiento.

 

En medio de esta plaza se encuentra la Pirámide de Mayo, el primer monumento que se construyó en la ciudad de Buenos Aires en conmemoración de la independencia del primer gobierno argentino. En la actualidad está revestida de ladrillos y la corona una estatua de la República; además, a su alrededor se encuentran alegorías a la agricultura, el comercio, las ciencias y las artes.

 

Y frente a la Plaza de Mayo, la Casa de Gobierno. Se construyó en el siglo XVI pero no fue hasta finales del XIX cuando adquirió el color rosa que la caracteriza. Fue pintada así por la combinación de los colores de los dos sectores políticos de aquel momento; rojo para los federales y blanco para los unitarios. La mezcla de ambos le dio el nombre con el que se le caracteriza: La Casa Rosada, que está custodiada por el cuerpo de Granaderos a Caballo del General San Martín.

 

La ciudad de Buenos Aires está repleta de cafés llenos de historia como el Trotoni, un edificio de Art Nouveau en el que se suelen dar cita personalidades del mundo artístico y político. Desde luego yo no soy una personalidad pero puedo presumir de haber estado sentada disfrutando de un café en este lugar que por las noches se transforma en un sitio ideal para escuchar tango y jazz.

 

Un lugar con mucha magia de Buenos Aires (sobre todo si sois amantes de los libros) es la librería Ateneo Gran Splendid. Abierta en el año 2000, este teatro restaurado se ha convertido en la mayor librería de la ciudad; es recorrida al día por cerca de tres mil personas al día y vende más de siete mil libros al año. A mi madre le compré ahí la biografía de la futura reina de Holanda, Máxima Zorreguieta. La librería conserva intacta la decoración del viejo teatro, por lo que se pueden contemplar los frescos de la cúpula y el telón sobre el escenario. 

 

Hay gente a la que le encanta, cuando viaja, visitar los cementerios. Muchos aseguran que se aprende mucho de la cultura de un país o de un lugar determinado visitando los lugares de enterramiento. Desde luego yo no soy una de ellas, pero en Buenos Aires casi me arrastraron hasta La Recoleta. Fue fundado en 1922 por los monjes recoletos y es reconocido por tener esculturas, tumbas y monumentos de personalidades argentinas. Probablemente la más visitada sea la de la familia Perón, donde por fin descansan los restos de Evita después de que su cuerpo fuera robado y finalmente devuelto al lugar.

 

Yo visité La Recoleta un sábado. Lo recuerdo perfectamente. Y recuerdo que después cogimos un taxi hasta el Barrio de La Boca. ¡Dios! Qué momento lo del taxi…. Qué mal conducen los argentinos…. No recuerdo cuánto duró el trayecto, pero sé que se me hizo eterno… vaya mareo. En el barrio de la Boca destaca La Bombonera. Todo amante del fútbol que se precie sueña con vivir un encuentro entre el Boca Juniors y el River Plate. A mí me coincidió allí uno de esos derbis y un conocido nos conseguía entradas para verlo. Cuando un par de amigas y yo les propusimos al resto ir, ¡casi nos pegan! En el hotel nos aseguraron que no saldríamos vivas de aquello… No sé si sería para tanto, pero comprobamos que ningún taxista se decantaba por quien ganaría. A todos les cambiaba la cara y contestaban lo mismo: “Yo soy del San Lorenzo. Y mejor que no intenten acercarse en día de partido. Ninguno de nosotros les llevará hasta allí cuando haya derby.” Después nos enteramos de que muchos de los aficionados se ponen tan violentos que arrancan hasta los árboles de los parques por la euforia… Ciertamente eso es una espinita que tengo clavada. Pero si todo aquello era cierto, tal vez hoy no estuviera escribiendo este blog… nunca lo sabremos ;(

 

También en La Boca está Caminito, una calle peatonal que no ocupa más de una manzana y que destaca por sus ventanas y casas de chapa de colores. A lo largo de Caminito, pintores, artistas y bailarines demuestran sus habilidades a los turistas que suelen estar encantados y se dejan hacer embaucar.

 

San Telmo tampoco puede faltar en vuestra visita. Este barrio fue habitado por aristócratas hasta finales del siglo XIX y en la actualidad es un barrio de talleres artesanos, estrechas calles y un ambiente tanguero súper especial. Allí también se encuentra el Mercado de San Telmo, un mercado comunitario de alimentos en su origen y que actualmente contiene negocios de venta de antigüedades y objetos típicos regionales.

 

Para disfrutar la noche hay dos lugares excepcionales en Buenos Aires. Puerto Madero y Palermo Hollywood. El primero se encuentra a orillas del Río de la Plata. Fue depósito portuario y actualmente es un centro de ocio donde se puede comprar, ir al cine, a restaurantes… también allí se encuentran los mejores hoteles y las oficinas más cotizadas de la ciudad.

 

El barrio de Palermo también está repleto de pubs y restaurantes y, además, en muchos de sus locales se realizan espectáculos de teatro alternativo.

 

¿Qué os ha parecido? ¿Muy cansado? Entonces es el momento de pedir una Quilmes y una pizza en el Piola o degustar una buena parrillada de carne argentina. Os ayudará a reponer fuerzas de la excursión y os hará más leve la espera para el próximo viaje.

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