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Andadas

Celia Sierra Moreno

New York, New York

Es la ciudad que no puede faltar en ninguna guía de viajes ni en ningún blog que se precie… poco queda por decir sobre esta ciudad que tantas y tantas veces hemos visto en esas pelis y series que nos gustan tanto… No creo que pueda descubriros nada nuevo, pero voy a intentarlo. Que disfrutéis con mis andadas por Manhattan igual que las disfruté yo.

Podría decirse que el de Nueva York ha sido el mejor de los viajes que he hecho. Si soy sincera, era una ciudad que nunca me había llamado la atención, pero a Jorge le apetecía mucho ir y yo había elegido el viaje anterior… Me pasé ahorrando mucho tiempo. Limpié cientos de geranios y coloqué muuuuchas petunias para podérmelo pagar, así que cuando encontramos una súper oferta en una agencia no lo dudamos. Si es cierto que elegí la fecha: si iba a Nueva York, tenía que ser en otoño.

 

El viaje se me hizo eterno, como cada vez que hago un vuelo de más de dos horas pero cuando el avión empezaba a descender un estado de excitación se apoderó de mí. Dios mío, ¡estaba en Nueva York!

 

Lo primero que pensé en el autobús de camino al hotel fue que era una ciudad muy oscura; farolas en un solo lado de la calle y pocas. No sé si tendrá algo que ver con el ahorro energético…

 

Pero sin lugar a dudas, el primer impacto newyorkino fue el hotel. Si, en el centro de Manhattan, en una situación privilegiada…. Pero fue entrar en aquella habitación e instantáneamente venir a mi cabeza la película El Resplandor… Dios santo… aquello era la habitación del pánico. Pequeña como una caja de cerillas, con un olor a humedad que se metía hasta los entresijos… no entraré en detalles con el baño. Ahora me río cuando me acuerdo de nuestras caras, pero en aquel momento podíamos habernos puesto a llorar. El trauma se nos pasó al mirar por la ventana y ver las luces de Times Square… al momento racionalizamos la situación: sólo íbamos a estar en ese cuarto para dormir. Podríamos superarlo. Cena rápida, ducha y a dormir. En Nueva York no se puede perder el tiempo.

 

Comenzamos el sábado como unos americanitos más: en Central Park. Pero nosotros haciendo fotos. Nada de correr, ni de tai-chi, ni patinaje… sólo trepar por las piedras, dar de comer a las ardillas y recordar en qué película salía ese determinado puente o ese edificio de allí. No sé decir con exactitud cuánto tiempo estuvimos por el parque… horas, varias. Pero sí puedo deciros que podríamos habernos estado muchas más porque ni por asomo lo vimos todo. De Central Park a la Quinta Avenida. Qué manera de babear con los escaparates, el ruido, los taxis… Foto en Tiffany´s, ¿entramos en Dior? Guau, la tienda de Apple  ¡Anda, un Zara!.... ¡Mira, otro Zara!.... ¡Joer, otro Zara?? Tela con Amancio…

 

Parada en boxes y comida casi a las cinco de la tarde. Yes, we are spanish!

 

Anochece en la gran manzana y las luces empiezan a encenderse. Llegamos a Times Square, la plaza del tiempo… y desde luego parece que se para (el tiempo, digo) porque la vida fluye por ese lugar a un ritmo demasiado rápido. Más de un millón de personas pasan por ella cada día. Y nosotros dos sentados en las escaleras mirando los letreros luminosos. En frente nuestro, el reloj que marca los días que quedan para año nuevo. A nuestra espalda el primer anuncio que se colocó en la plaza: Coca-cola, ¿esperabais menos? Y los dos con una sonrisa absurda en la cara y sin hablar. De los cientos de restaurantes que hay en la zona elegimos Friday´s para cenar. Una hamburguesa con salsa de Jack Daniels que, aunque en España también la hacen, no la hemos querido comer por si mataba el recuerdo de aquel manjar americano.

 

Y mientras cenamos en una mesa junto al ventanal vemos las alcantarillas echando humo. Sí, es real.

 

El plan del domingo estaba claro: había que ir a una misa donde cantaran gospel. La guía del primer día nos había dado un papel con excursiones entre las que se encontraba la misa gospel, pero nosotros somos súper temerarios… cogemos un taxi a Harlem, ¿qué puede pasar? Una vez sentados en el último banco de aquella iglesia (más comedor de tu abuela en el pueblo que iglesia) yo buscaba la cámara oculta… fue tremendo, en serio. Ningún turista más. Solo nosotros. Quince personas entre hombres y mujeres que alababan al Señor y de vez en cuando cantaban… y en un momento, una señora se acerca a nosotros y nos invita a que participemos con ellos. De película (de terror, claro). Todos cogidos de la mano dando vueltas… yo no sabía qué hacer ya… la misa más larga de toda mi vida. Pero lo peor fue cuando una señora con más años que el sol y un lazo blanco en la cabeza se acerca a nosotros de nuevo y nos dice que ha llegado el momento de la comunión. Que si queremos comulgar yo me tengo que ir con las mujeres a otro lugar y mi amigo quedarse con los hombres allí. Si no estamos de acuerdo, debemos abandonar la iglesia. Yo llevaba muerta de miedo desde el minuto 3 así que no hace falta que os diga cómo acabamos, ¿no? Fue toda una experiencia. Pero en serio, si queréis ver una misa gospel, contratadla con el guía!

 

Patear las calles, café en sturbucks, fotos, más fotos… y subida al Rockefeller Centre. Aún se me ponen los pelos de punta al recordar las vistas que ofrece el mirador. Seguro que mucha gente os dice que subáis al Empire State de noche y al Rockefeller de día. Yo lo hice al revés y en serio que es increíble. Además, si lo hacéis como yo, os llevaréis el regalo de ver el Empire iluminado. Cada vez que ocurre algo importante, el edificio más emblemático de Nueva York, adquiere un color diferente. Así, el día de San Patricio luce de verde, el día de la mujer es rosa y el día que España ganó el mundial de fútbol lo iluminaron de rojo y amarillo. Hubiera sido genial verlo allí. Bueno, que me lío… que subáis como queráis, pero que subáis a ambos. La entrada al Rockefeller es un poco cara, pero merece la pena. Y la del Empire State te la regalan si haces la excursión de Nueva York nocturno. Si tenéis ocasión, hacedla… cruzar el puente de Manhattan mientras a tu derecha se dibuja el hiper famoso sky line y suena la canción de Frank Sinatra New York, New York, supone una experiencia inolvidable.

 

Otra excursión que deberíais contratar es la de Contrastes de Nueva York. No estoy haciendo publicidad ni nada que se le parezca, pero es la única forma que tendréis de visitar los cinco condados que forman la ciudad. De otra manera, os quedaréis con las ganas de entrar en el Bronx porque ningún taxi va a llevaros hasta allí. No es una leyenda urbana, es real como la vida misma. Además, si la hacéis os enteraréis de la historia de los judíos de Brooklyn, del porqué de los grafitis y las zapatillas colgadas en los cables de El Bronx, de porqué Queens se llama así… podéis limitaros a estar en Manhattan, pero este recorrido os acerca más al Nueva York real.

 

Tribeca, China Town, el Soho, Little Italy…. Todos y cada uno de los barrios de Manhattan tienen un encanto especial. A cada paso que das y descubres un edificio nuevo se convierte en inevitable imaginarte cómo sería tu vida si tuvieras un estudio en el SOHO y un trabajo en una cadena de televisión americana. Luego te sientas a comer en un Mc Donalds y la realidad te cae encima de una manera brutal: vives con tus padres y limpiaste geranios para pagarte el viaje. Entonces es cuando entiendes el sentido de la frase “el sueño americano”.

 

Ah, casi se me olvida! La Zona 0, Wall Street y Battery Park. Para visitar la Zona 0 tenéis que sacar entradas. Os las dan en poco tiempo, no hace falta que las llevéis cogidas desde España. El control para acceder al lugar donde estuvieron las Torres Gemelas es tan exhaustivo que llega a parecer hasta ridículo. Una vez dentro, ciertamente casi puedes masticar el dolor, aunque yo no entienda demasiado bien el porqué de las fuentes ocupando el sitio de las torres. En ese lugar también se puede contemplar la construcción de la nueva torre (Freedom Tower), que medirá cerca de 600 metros y que, según los más agoreros, estará en pie muy poco tiempo.

 

Desde Battery Park salen los ferrys hasta la Estatua de la Libertad. No voy a entretenerme en ella porque fue lo que más me decepcionó de todo Nueva York. Es todo tan grande, que la estatua parece ridículamente pequeña.

 

Y así, entre paseos, fotos, sturbucks, alcantarillas humeantes y las luces de Times Square se pasó mi viaje. Un viaje que repetiría cada año… aunque Sabina dice que “al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”. No hagáis caso. Por mi parte yo me ofrezco voluntaria para volver a limpiar geranios. No es algo que me apasione pero todo sea por volver a Nueva York en otoño.

Comentarios

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