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Andadas

Celia Sierra Moreno

Gili Trawangan, el lugar que necesito

Las andadas de estos últimos meses nos han llevado a algunos de los sitios más famosos del mundo. A lugares de esos en los que hay que coger un mapa y señalar los lugares de los que hemos oído hablar para no dejarnos nada en el tintero. Hoy el viaje es distinto. Hoy os voy a hablar de las andadas que necesito ahora. En este momento. Me voy a Trawangan.

Hay momentos en la vida en los que pasamos por crisis existenciales. ¿No os ha pasado? Yo he tenido varias… cuando me planteé dejar en instituto, cuando me planteé dejar la carrera, cuando acabé la adolescencia y me interné en la edad adulta… y ahora que estoy a punto de cruzar la barrea de los treinta me encuentro con otra. Por eso he elegido Trawangan como mi destino perfecto para un viaje. Está a tomar por saco a la derecha, lo sé. Ahí, en un lugar perdido del océano índico. Pero me parece que es un buen lugar para encontrarme a mi misma y hacer cosas que llevo queriendo tiempo hacer y por unas cosas u otras nunca hago…

 

Lo primero que voy a hacer es coger un vuelo a Bali y de ahí podré desplazarme hasta Trawangan, en las islas Gili. Las islas Gili son tres atolones del índico en los que no hay ni coches, ni motos, ni aceras. Buen lugar, ¿no? He elegido Trawangan porque es la más grande de las tres. Ni más, ni menos.

 

No quiero compañía en este viaje. Tal vez me aburra, sobre todo si no puedo hablar con nadie…. Pero creo que es lo que necesito. En la maleta lo imprescindible: bañador, un par de pantalones fresquitos y un libro. Gordo. Igual es un buen momento para leer Los Pilares de la Tierra. Dicen que a la tercera va la vencida, ¿no? Me llevo la cámara de fotos, pero no sé que retrataré. Ni si habrá algo que retratar… Y me llevo el móvil. Pero sólo para avisar en mi casa de que he llegado. Luego lo desconectaré y lo guardaré en algún cajón de esa cabañita de madera que me espera a mi llegada…

 

Una vez allí pasearé por la playa. Y me bañaré en esas aguas claras y me colocaré debajo de una palmera a tostarme y a dejar mi mente vagar. Y cuando me canse de estar debajo de la palmera descubriré que estoy roja como una langosta y                                                      que tumbarme al sol desde luego no es lo mío. ¡Ya he hecho un descubrimiento de mi misma!

 

Si no me relaciono con nadie, al cabo de dos días habré dibujado ojos a un coco y estaré manteniendo con él conversaciones largas y profundas. Así que intentaré entablar amistad con el rastas que me pone la bebida sin hielo en el chiringo y que me mira raro cada vez que le pregunto por los cubitos.

 

Y como soy tan pesada le convenceré para que me deje la bici mugrienta que hay allí. No sé para qué, porque como hace mil años que no monto en bici, cuando me suba en ella me caeré, morderé el polvo porque en Trawagan no hay asfalto y me haré una herida en las rodillas que me hará descubrir la segunda cosa de mi misma: no debo hacer lo que no quiero hacer.

 

Pasarán los días y habré conocido gente interesante, gente interesada y gente cuyo recuerdo, para bien o para mal, me acompañará para siempre. Y en el momento de hacer la maleta para el viaje de vuelta, comprobaré que ni sin tener nada que hacer he conseguido leerme los Pilares de la Tierra. Ahí descubriré la tercera cosa sobre mi misma: no voy a hacer nada que no me haga feliz.

 

Puede que, a los que me seguís con asiduidad, no os haya gustado el viaje de hoy. Pero yo necesitaba hacer uno así. Y, en parte, necesitaba vuestra compañía. Acabo de resolver mi crisis existencial. Gracias por la ayuda, andantes.

Comentarios

Arantxa M. 24/05/2013 16:29 #1
Resuelta tu crisis, y con mis dientes largos (los que tu me has puesto con el blog de hoy) volvamos a la vida real... ñññññññ

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