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Andadas

Celia Sierra Moreno

Carnamar, te quiero

 A lo largo de estas semanas de febrero os he llevado a recorrer varios carnavales. Empezamos en Venecia, y continuamos por los de casa… Y sin embargo, seguro que muchos de vosotros seguís con ganas de fiesta. Pues este es vuestro destino. Deshaceros de los abrigos, meted ropa fresquita en la maleta y que empiece la diversión porque cruzamos el charco… ¡Nos vamos a Brasil!

 

El carnaval de Brasil marca, como su homónimo europeo, el inicio de la cuaresma. Y sin embargo, difiere bastante de la fiesta del viejo continente.

 

En su inicio, se llamaba entrudo, y se caracterizaba por el juego de tirarse agua de una persona a otra para purificar el cuerpo. A mediados del siglo XIX esta tradición fue prohibida porque las clases sociales altas lo consideraban violento y muchos aseguraban que algunas personas morían por infecciones provocadas por el juego.

 

El entrudo dio paso a la introducción en Río de Janeiro de los cordões (lazos en portugués), que eran grupos de personas que bailaban y tocaban música por las calles.

 

En la actualidad, los cordões han cambiado su nombre por el de blocos y son los que salen a la calle disfrazados y celebrando el carnaval.

 

Pero sin ninguna duda, los grandes protagonistas de este don Carnal brasilero son las escuelas de samba, que trabajan durante todo el año preparándose para el gran desfile. Dichas escuelas escogen un tema específico y organizan el desfile, las coreografías y los disfraces en torno a ese tema. No sé si os podéis hacer una idea de la magnificencia de estas cabalgatas, pero os voy a dar unos datos para que os hagáis una imagen más visual: este año, la escuela ganadora ha sido Vila Isabel, que titulaba su desfile “Brasil, granero del mundo”. La escuela la integraban 3800 personas y desfilaban siete carrozas que hacían referencia al tema de principal. Esta escuela fue la última en desfilar la noche del martes y lo hizo en duodécimo lugar. ¿Os hacéis ya una idea de las miles de personas disfrazadas y moviendo las caderas que había en Sambódromo de Río de Janeiro?

 

El carnaval de Río estaba, hasta hace pocos años, diseñado para dos tipos de personas: los enamorados de la samba y los turistas que, en ocasiones pagaban hasta 400 euros por un disfraz y cincuenta minutos en la gran avenida de la samba. Desde luego yo no pago ese dinero  por nada así que si hubiera llegado a Río de Janeiro en el año 2000, me hubiera confesado una enamorada del baile. Sin embargo, el millón de turistas que llegan hasta Brasil para disfrutar del carnaval de Río han hecho que las cosas cambien y ahora cualquiera puede disfrutar de la fiesta que este año se prolongará del 8 al 17 de febrero.

 

Lo que os he contado hasta ahora es, a grandes rasgos, lo que la mayoría de la gente tiene en la cabeza cuando piensa en el carnaval de Brasil. Es cierto, el carnaval carioca es así. Pero no es la única forma de carnaval que existe en este exótico país.

 

Dentro del estado de Río de Janeiro, en la localidad colonial de Paraty, celebran esta fiesta previa a la cuaresma de una manera peculiar. Sin olvidar la samba, la cachaza con lima (la bebida nacional) y los cuerpos esculturales (Brasil es Brasil) Paraty tiene su propia versión del carnaval: el denominado carnamar.

 

El carnamar es un desfile que se realiza por la bahía de Paraty en el que numerosos buques balleneros y de pesca competirán por ver cual es el más adornado y el más vivo. La gente se disfraza, baila y bebe en los barcos. La fiesta que Río celebra en la calle, en Paraty la llevan al mar.

 

La originalidad de la fiesta atrae cada vez a más gente, que ya sumaron el pasado año más de cinco mil personal. Lo que empezó como una forma diferente de diversión, se ha convertido en una fiesta de interés turístico de la que la administración municipal intenta sacar tajada.

De esa forma, Paraty ofrece durante todo el mes de febrero un programa de conciertos y actividades que culminan con la competición de barcos del Carnamar. Paraty está llena de vida, de juegos y de disfraces en la calle y se convierte en la alternativa perfecta o, en el perfecto complemento de un viaje en carnaval hasta el exótico Brasil.

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