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Abriendo alamedas

Hugo Crespo

El fundido a negro del régimen

La degradación moral y social del régimen del 78 demuestra la necesidad urgente de iniciar un proceso constituyente que cambie el país de raíz

      El día de ayer vivimos un episodio más de nuestra propia 'tangentopoli': la Guardia Civil detuvo a 51 personas en Madrid, León, Murcia y Valencia en una operación contra la corrupción. A eso hay que sumarle el caso Bankia, la Gurtel, los ERE… Al fracaso económico y político del régimen, con una degradación de las condiciones materiales de los españoles, se une también su descomposición moral y social. El régimen está corrupto pero no termina de caer, y al igual que en la Italia de principios de los 90, es posible una recomposición del régimen mediante un lavado de cara.

 

      Las instituciones deberían estar al servicio de la democracia, pero en el caso de nuestro país, cada vez es más evidente que están al servicio de una élite extractiva que parasita al Estado y vive de él. El caso de las tarjetas ‘black’ de Caja Madrid es un buen ejemplo de esto, donde todos –partidos, sindicatos y patronal- se pegaron un buen festín a costa de la ciudadanía. Es con más democracia, en la política y en la economía, como recuperaremos unas instituciones al servicio de todos. 

 

      No es posible la regeneración democrática con los partidos que han gobernado este país, con un PP y un PSOE que están de acuerdo en lo fundamental, como en la reforma del artículo 135 de la CE. Lo que vivimos ahora no es una cuestión de pérdida de valores como quieren hacernos creer algunos, es fruto de la construcción de un régimen que tiene como forma de gobierno la corrupción; el sistema político y económico del régimen del 78 es corrupto en sí mismo. A las élites económicas y financieras del franquismo la Transición les salió gratis, y el capitalismo de amiguetes del régimen franquista se perpetuó en nuestra democracia.

 

      En un contexto de estratificación y periferización de España dentro de la Unión Europea, con una tasa de paro insostenible, con el empobrecimiento de la mayoría de la población, es hora de dejar de considerar a la ciudadanía de este país como menor de edad y preguntarle qué es lo que quiere y cómo lo quiere, iniciando un proceso constituyente que devuelva la democracia y la dignidad a nuestro país. Cada vez está más cerca el fundido a negro de este régimen, cada vez está más cerca la posibilidad de una patria digna.

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