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Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

Una mirada al pasado

Ha querido la casualidad (posiblemente) que se estrenen al mismo tiempo dos películas que tratan una temática similar: el final de la esclavitud en Estados Unidos. Se trata de  Lincoln, de Steven Spielberg, y Django desencadenado, de Quentin Tarantino. Conocemos la trayectoria de ambos directores: uno que ha desarrollado grandes dramas bélicos y otro cuyo belicismo es particularmente violento y sangriento. Tarantino sigue en su línea al haber creado un guión entretenido, donde la figura del héroe sigue siendo esencial y triunfadora capaz de vencer todos los obstáculos en el terreno del combate (esta vez con la ambientación de un western).

 

El cambio lo obtenemos en Lincoln, pues aparece como un héroe mayor, encorvado, con sus debilidades en su vida personal y familiar, y sin embargo su fortaleza en la lucha política. Hasta tal punto que llega a sobornar y presionar a algunos diputados para conseguir sus nobles propósitos (aprobar la decimotercera enmienda que consiste en abolir la esclavitud). Si en Django desencadenado tenemos un lenguaje más ameno y entretenido al tratarse de una lucha en la calle, donde están los combates y el dolor físico, el film sobre el presidente estadounidense se basa en la lucha entre bastidores, la que llevan a cabo los políticos en los despachos y el parlamento.

 

Ambas películas han recibido una buena acogida por parte de la crítica. Por mi parte, me he encontrado dos historias narrativamente y visualmente completas, con las que sin embargo no consigo conectar. La historia del vaquero negro (demasiado larga, por cierto) mantiene a su director en la línea de siempre, pero sin la parte innovadora y chocante. Quizás sea nostalgia por la sorpresa de Reservoir dogs, Pulp fiction o las Kill Bill, pero el último Tarantino me entretiene sin llegar a entusiasmarme. Por su parte, Lincoln ofrece una genial recreación de los momentos decisivos en el mandato del presidente y para la historia de su país, cuyo foco de atención parecía estar en la guerra, aunque enseguida percibimos que es la guerra política la que domina el largometraje. Sus interesantes reflexiones sobre la justicia, los deberes y obligaciones de los poderosos con respecto al pueblo o los límites que deben tener para conseguir sus fines, hacen de este film un interesante documento visual de cómo y dónde se disputan realmente en nuestra sociedad los temas determinantes para todos. Mas vuelvo a lo mismo: si por un lado Lincoln contiene una narración y unos planteamientos interesantes, por otro se convierte en otra grandilocuente producción de Hollywood cuya puesta en escena es convencional (la magnificación del líder con sus discursos y los planos donde se le ve caminando y reflexionando, sus debilidades y puntos fuertes) y aboga por un sentimentalismo fácil precedido por el uso anodino de la música.

 

Por cierto, hubo otro estreno el pasado viernes que ha pasado desapercibido: Tabu, del portugués Miguel Gomes, una ensoñadora y lírica película, cuyo prólogo es ya de por sí espléndido.

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