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Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

SITGES - Grand Piano

La película que inaugura el 46º Festival de Sitges ha traído consigo a su gran estrella Elijah Wood, protagonista de Grand Piano. De producción española, la cinta que dirige Eugenio Mira apunta maneras y sin duda busca el mercado internacional. Se construye y coge forma gracias al ritmo incesante de la narración, en el que el joven y virtuoso pianista Tom Selznick vuelve al punto de mira musical años después del fracaso que supuso intentar tocar una de las piezas más complejas para piano. Por si el miedo escénico fuera poco, Tom encuentra en sus partituras un mensaje que le advierte de no tocar una sola nota mal, pues si no él y su mujer serán asesinados. A partir de ese momento, un asombroso juego de cámaras, planos cortos y certeros y un dinamismo impropio para un concierto de música clásica en un teatro, convierten la película en una desasosegante búsqueda del pianista de salvar a su esposa al mismo tiempo que ha de cubrirse las espaldas tocando mejor que nunca sin permitirse ni un solo error.

 

Grand Piano funciona muy bien dentro de su género, pese a algunos detalles bastante forzados (escribir un mensaje de texto al mismo tiempo que tocar una compleja melodía, el psicópata omnisciente que sabe dar indicaciones hasta cuando no puede ver a su objetivo). Consciente de la necesaria puesta en escena dentro de un mismo lugar, el director logra sacarnos de allí hacia secuencias paralelas por el interior del teatro implicando así a personajes secundarios e inventando curiosos contraplanos como esa reminiscencia de Un perro andaluz que nos evita presenciar un desagradable asesinato. No obstante, uno de los productores es Rodrigo Cortés, que sabía jugar muy bien con el fuera de campo para evitar el estatismo en Buried. Si bien el barroquismo final desentona con el singular papel de héroe que había llevado hasta ese momento Tom, Grand Piano no se detiene solamente en el atractivo poder de la acción y la incertidumbre propia del thriller, sino que además introduce ciertos desvíos hacia interrogantes como el verdadero talento e imaginación del músico que no es compositor, gracias a las palabras del psicópata. Toda la tensión se formula en gran medida por el sonido: la música del concierto siempre acompaña, unas veces como protagonista y otras de fondo, también la voz del asesino, que no sólo da indicaciones al pianista sino que proporciona algunas pistas al espectador.

 

La última película del realizador Eugenio Mira termina por convencer gracias a la expectación generada, pese a algunos desequilibrios en la atrevida puesta en escena y algunos excesos. También influye un siempre convincente Elijah Wood y la innovación que consigue dar a la representación de la música clásica sobre el escenario, como en otra producción reciente, la, en mi opinión, fallida El último concierto.

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