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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

Lucha de poderes

Ante una aparente lucha de contrarios, el director Gus van Sant muestra la destreza, la manipulación y el control total que llega a adoptar una multinacional para conseguir sus fines. Tierra prometida es la historia de un joven y dinámico vendedor cuyo trabajo es convencer a los granjeros de un pequeño pueblo estadounidense para que permitan perforar sus terrenos en busca de gas a cambio de una buena suma de dinero. Steve Butler (Matt Damon) y Sue Thomason (Frances McDormand) trabajan para Global, una gran compañía que no escatima en esfuerzos y estrategias para alcanzar el preciado combustible. La película ahonda en la lucha de poderes (el económico por un lado, y el del pueblo por el otro), las artimañas de la empresa y sus emisarios (que se aclimatan al estilo de vida de la zona, se mezclan con sus gentes y promocionan actividades de ocio) y en lo más siniestro de la historia: la empresa que maneja los hilos oculta pero siempre presente.

 

No resulta fácil a la pareja convencer a los campesinos. La tierra (que el director remarca con diferentes planos aéreos) resulta ser un bien demasiado importante para sus vidas pese a sufrir bastantes penurias. Steve poco a poco, pese a cumplir su deber como comercial y pese a valorar solamente aquello que tiene alguna utilidad económica, va adquiriendo una postura diferente. Tiene la oportunidad de compartir el conocimiento y la bondad de un anciano que defiende la conservación de su modo de vida, además de conocer a una profesora de quien se enamora. Incluso el detalle de la niña que vende limonada le hace comprender que para esas gentes vale más ganarse la vida honradamente.

 

Tierra prometida es el resultado de una mano experta, que sabe muy bien cómo construir una buena narración con buenos cimientos en la argumentación y la caracterización de los personajes, y cuándo acudir a la dramatización con la música y sorprender con sus giros argumentales. Puede funcionar como un buen reflejo de la sociedad capitalista actual, donde gobierna el imperio financiero y en el que, como queda plasmado en la pantalla, el poder real del pueblo queda mermado por las múltiples manipulaciones y promesas que convierten su toma de decisión en un mero trámite. La población desinformada y sin conocimiento es conducida por unos y otros, aunque sólo en ellos recae la decisión final. Afortunadamente en este film se tiene en cuenta la capacidad de cambio, la renovación personal para no vivir exclusivamente por y para obtener beneficios económicos y buscar la plenitud que el dinero no puede aportar. Una mirada optimista para tiempos difíciles.

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