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A través del Cine

Pablo García Conde
Blog de Pablo García Conde. Críticas de cine

Hacia el mismo objetivo

Ya sea por el relevo, una vez más, en la dirección (Patrick Hughes), o bien por el guión escrito a tres bandas, en el que participa nuevamente Sylvester Stallone, la tercera entrega de Los mercenarios mejora notablemente el resultado del experimento con las viejas glorias del cine de acción. Y no porque varíe el propósito de entretener con una buena mezcolanza entre disparos, explosiones y cuerpos musculosos luchando y viviendo al límite, sino porque esa coreografía destructiva se asienta sobre una historia más sólida al haber llegado al final de un recorrido (¿será definitivo?) y donde es posible incentivar la moraleja. Al mismo tiempo que Stallone y sus compañeros mercenarios rescatan a uno de los antiguos amigos del primero (Wesley Snipes), surge otro reencuentro en el que un malvado Mel Gibson aparece para complicarle las cosas a Stallone y de paso establecer una conexión con el pasado.

 

El líder de los mercenarios, para evitar la muerte de sus amigos y posibilitarles una vida al margen de la violencia, prescinde de ellos y escoge, en su lugar, a otros jóvenes matones para llevar a cabo su misión. Esto dará lugar a un enfrentamiento generacional, a un debate sobre si ha llegado el momento de la jubilación y a un giro sentimental donde prima la amistad frente al orgullo guerrero. La moraleja es de doble filo: hay que ceder el testigo a los jóvenes, tan bien preparados como sus antecesores (entre los que se incluye un Antonio Banderas parlanchín, exlegionario que canta “El novio de la muerte”), o bien que tanto lo viejo como lo nuevo pueden convivir en la misma dimensión. Sea como fuere, el relato no decae en su intento por aunar las diferentes edades, cada una con sus métodos (testosterona, fuerza y brutalidad frente a agilidad y estrategia), pero acopladas muy bien para ofrecer el mismo nivel de acción con que liberar a la bestia que el espectador fiel espera encontrarse.