Silueta juliocesar original

A mí que me registren

Julio César Izquierdo

Pues sube y pedalea, claro

El verano seguirá siendo para las bicicletas. Y también será tiempo para las terrazas. Momento de jornadas culturales y verbenas, de parrillas, charangas y conciertos ibéricos.

Todo lo que duerme se despierta. Dos meses y punto pelota, con mercados de marchamo y templetes en la plaza que aguantan como martillos al Sol.

 

Es cuando hay vida dicen, como dando a entender que quienes moran en invierno están muertos.

 

La verdad es que son muy pocos los municipios (medianos) que programan en invierno y otoño actividad cultural alguna. Lo más un par de eventos, porque no son momentos, dicen, para el dispendio y el desparrame.

 

El ocio y el entretenimiento, el conocimiento y el asueto, la calidad y disfrute programático no tiene sentido de octubre a mayo.

 

Total no hay gente, argumentan, y no es plan de organizar para los pocos que ahí quedan, en el témpano eterno.

 

Quizás hubiera que repensar conceptos y trasladar alegría a los que hacen posible que los otros tengan canícula de parranda. Sin los numerados que hacen que el pueblo - los pueblos- se mantenga aseado durante la mayoría del año, el calor de bermuda y piscina sería más triste. Probablemente inexistente.

 

Efectivamente, son mensajes repetidos y machacones. pero sigue habiendo gente que piensa que todo el monte es orégano. Siendo todos necesarios y complementarios, es probable que tenga que ponerse sobre la mesa del análisis la importancia de quienes moran de lunes a domingo.

 

Porque no es lo mismo subir que bajar, venir que estar. Pero da igual. Ahora luce la sonrisa en el rostro. Se abren puertas y traseras; ventanas y balcones oxigenan recuerdos. Es una quimera, la dosis necesaria de auto engaño, como un oasis de agua y palmeras. Da gusto ver nuestras comarcas. En plena ebullición. El otro lado de la moneda. La cara y la cruz.

 

Pero octubre siempre estará ahí, acechando y viendo que las cuentas no salen y los cerrojos sí cuadran. Llegará el cambio. El que sea. ¿Será bueno o será tarde?

 

Hasta entonces aparcaremos los malos pensamientos y regaremos con gozo los calores propios del estío, si es que desea ser pertinente, que, viendo cómo está el patio en algunos ámbitos, puede que hasta las borrascas decidan afincarse donde no deben. Bueno, seguro que escampa.   

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