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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

Nada de todo y viceversa

No pasa nada. Todo está bien. Ahora ya cada uno está en su sitio.

Los veraneantes en la urbe y el ruraliano en sus pagos naturales. Lo de siempre. Es lo que toca por estas fechas de tormentas agónicas que protagonizan telediarios.

 

Que no pasa nada, que las vacas siguen dando leche en formato familiar, colocadas en el estante del supermercado, junto a los pollos plastificados y las tortillas de patata envasadas al vacío. Es así, signo inequívoco de los nuevos tiempos.

 

Nada de nada, mientras los partidos políticos estudian las estrategias de las próximas municipales, buscando fórmulas que atraigan el voto rural mientras les explican la ordenación del territorio (cosa que no entienden ni ellos, o no la saben explicar).

 

Nada de nada, mientras se caen palomares y castillos y se levantan urbanizaciones cada vez más vacías por estar en tierra de nadie y con personalidad nula, ajenas al entorno y la realidad.

 

Todo de todo, ajustando presupuestos municipales y haciendo encaje de bolillos con un futuro incierto que ya no entiende ni de subvenciones ni papeleos complejos.

 

Es lo de siempre, la repetición constante de unos males que no mejoran, aunque las fachadas luzcan morenas. Incredulidad por un lado, perseverancia por parte de algunos, dejadez por parte de otros e indiferencia para otra mayoría minoritaria. Y así no se consigue mucho.

 

Por lo tanto, que sigan cayendo las hojas del otoño y el barro sobre el camino, a la espera de tiempos mejores, cuando la supervivencia y permanencia sea cosa de cuatro pueblos. Los demás habrán tirado la toalla y las llaves de las puertas.

 

Todo de todo. Que hay mucho que decir y más que planificar, a base de ser pesados, repetitivos, lanzando mensajes menos apacibles y más agoreros. Que el que no llora no mama.

 

Así estamos, jodidos pero contentos, con el lamento eterno, pero también dando guerra, con la sana intención de morir con las botas puestas. Total, llevamos desapareciendo cincuenta años y todavía queda cuerda para rato. Claro que ahora se trata de una filosofía de vida, de necesaria presencia por el bien ajeno, tanto espiritual como costumbrista.

 

Nada de nada, esperando a que nos llamen a la mesa de la negociación. Nosotros también queremos opinar sobre nuestro futuro.

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