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A mí que me registren

Julio César Izquierdo

@pasión.com

Días de Pasión, con ganas de procesionar si es lo que uno necesita. De perder de vista lo mundano para entregarse al más allá de lo divino, pues a lo mejor las variables son más jugosas que las terrenales, donde todo es tan imprevisible que parece normal y predecible.

Días de túnicas y de oración, pero también de tapas y turismo rural, de cámaras que palpitan por la imaginería castellana y por el vermú a la vieja usanza en plazas remodeladas y casi a estrenar.

 

Asuetos de carracas que tiemblan para rememorar tradiciones que, de puro añejas, multiplican panes y peces, comensales y trasiegos por carreteras secundarias con parches eternos y celestiales.

 

Días de Pasión con promociones provinciales y locales para dar testimonio de lo nuestro, que sigue siendo tan bueno como ayer, pero que ahora se publicita hasta la saciedad en una lucha por ver quién arrastra más seguidores; como si fueran cuentas virtuales que suman parroquianos llegados de otros lares. Y bienvenidos sean, por supuesto.

 

Días de charla y de evasión, ya sea en el templo, en la calle o practicando deportes de riesgo. Cada uno medita a su manera y algunos habrá, como siempre, que se olvidarán del propósito de la enmienda.

 

Días de Pasión con las horas contadas, donde todo muere para resurgir de sus cenizas, renovando ciclos y temporadas, amasando una primavera de trompetas y redobles, de marcas en los hombros y morenos en las playas lejanas. Es la dualidad de los contrarios.

 

Semana Santa con prórroga y vacaciones escolares, de viajes para los bolsillos vacíos del contribuyente, cansado de tanta penitencia económica y tanto anuncio que proclama la llegada de un mesías que, dicen, está al final del túnel. Ver para creer como Santo Tomás.

 

Así estamos, inmersos en un abril que también quiere sentirse comunero, aunque aquí pocos sean los que se sienten los colores de la tierra, a no ser que se puedan labrar.

 

Días de Pasión y de farolillos que alumbran el paso de nuestras creencias, mezcladas en el sabor cercano de los libros, como esperando las páginas que todavía están por escribir. Aventuras de la vida y del alma en los pagos de las gentes de buena masa.

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