Silueta original

35 mm

Boris García

Un poquito para atrás, por favor

Ya lo comentaba mi compañero José Ángel  en su magnífico artículo sobre el enjambre de fotógrafos que pululan en la Semana Santa  vallisoletana y que pueden leer aquí: http://www.tribunavalladolid.com/blogs/desde-los-medios/posts/la-nueva-cofradia-de-los-fotografos

Así que servidor tiene poco más que añadir sobre el asunto  que una pequeña anécdota, rizando el rizo de las situaciones absurdas, que me ocurrió hace unos días.

 

Acontecimiento simpático, de esos que raspan la monotonía del día a día en la ciudad, susceptible, con suerte, de un par de instantáneas pasables. Yo que me lo encuentro casi por casualidad, saco la cámara, hoy no hay mucho que hacer, y lo enfilo con la máxima  en mente de Robert Cappa de que si no has hecho una buena foto es que no te has acercado lo suficiente. Posturita por aquí, por allá, busca un buen encuadre, da vueltas alrededor hasta que consigas algo decente. Picado, escorzo, ritmo, repetición, una búsqueda torpe pero entusiasta de la composición. Disfrutando, cómodo, en una de esas raras ocasiones en las que bailas encerrado en una nube ajena a lo que esta fuera del visor.

 

Entonces tuve la suerte de que un bienintencionado paisano me sacase de mi mutismo y del imperdonable error de intentar hacer mi  trabajo. Con su móvil en ristre, y con la familiaridad cariñosa que existe entre dos personas que no se conocen absolutamente de nada, me cogió del hombro invitándome a que saliese del  ángulo de su pantalla, un poquito para atrás, por favor.

 

El que escribe, ojiplático, y por no saber qué hacer ni que decirle, se apartó dócilmente y siguió a lo suyo. Pero, no siendo suficiente, al parecer, la distancia de mi retroceso ni satisfactorio el resultado de la foto del buen hombre, éste volvió a la carga, otra vez afectivo y cercano, un poquito para atrás, por favor, a lo que añadió un par de agradecidas consideraciones técnicas, por si yo no sabía, acerca del contraluz de la escena. Pues cómprese un flash, oiga, creo que fue lo que se me vino a la mente y que no llegué a pronunciar, claro.

 

Soy de la opinión de que todo el mundo tiene derecho a sus fotos y que la separación entre lo que puede hacer un profesional –yo aún no me considero uno de ellos, que conste, porque es un camino de años- y un aficionado es como intentar ponerle puertas al campo. Al final, todo debería reducirse a un mínimo de sentido común, complicado de conseguir, supongo, porque parece que cuanto más Smartphone hay suelto por ahí, más imbéciles somos.

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