Silueta original

35 mm

Boris García

Televisión versus cine

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Navegando por Internet esta semana, por las páginas de este diario, en concreto, me topé con la noticia de que la WGA –el sindicato de guionistas estadounidenses- había dado a conocer una lista con las 101 series mejor escritas de la historia de la televisión americana, cuyo primer puesto está ocupado por la extraordinaria serie de la HBO Los Soprano.

Nada que objetar. Más allá de su contexto criminal, el de una familia de mafiosos italoamericanos de Nueva Jersey, del ácido retrato de su submundo, la serie dio en el clavo con una mirada brillante e inmisericorde a la sociedad americana contemporánea, y occidental, por extensión. A través de sus seis temporadas y de un desarrollo de personajes  complejo, pleno de matices –como solemos ser las personas reales, claro-,  reflejó la ponzoña de las relaciones familiares y sociales con lo que a mí siempre me pareció su afirmación principal; la brutalidad no es un privilegio del crimen y existe, de otro modo, puertas adentro del porche de nuestras casas.

 

Como explica la propia asociación, además de la obra de David Chase, no es coincidencia que la mitad de las series incluidas en la lista pertenezcan al periodo que va desde los finales de los noventa hasta nuestros días. Productos de calidad ha habido y habrá siempre, en cualquier país y circunstancia, sólo es necesario que alguien le ponga los medios a una buena idea. Pero la propuesta de la TV por cable en esa época, liderada por la cadena HBO, y que se extiende hasta la actualidad, tuvo como consecuencia lo que muchos no dudaron en definir como la edad dorada de la ficción televisiva. Y, en mi opinión, el puntal en el que se basó fue el dejar de lado lo políticamente correcto –sea lo que sea lo que signifique la manida expresión- y apostar directamente por la calidad argumental y los contenidos adultos, aprovechando el mayor margen legal del que disfruta este tipo de distribución. El resultado, sin extenderme mucho y ciñéndome sólo a  esta productora, como ejemplo, y a preferencias personales, fueron series como la ya mencionada Los Soprano, The Wire, Espartacus, A dos metros bajo tierra, Carnival o Juego de Tronos. Poco más que añadir.

 

Salvo excepciones, la televisión siempre ha sido considerada como el pariente pobre del cine, como el cementerio de elefantes al que iban a morir las estrellas entradas en años o el refugio de los profesionales que no tuvieron lo necesario para triunfar en Hollywood.  Pero, al menos en cuanto al cine de las mayors, de las grandes productoras –no entro a juzgar el independiente- la realidad parece contradecir este prejuicio. Constreñidos por el argumento contrario al planteamiento de las cadenas de TV por cable, es decir, por el intento de captar un sector de público lo más amplio posible en el absurdo encaje de bolillos de la calificación por edades, la mayoría de sus proyectos parece quedarse ahora en lo convencional, en el mejor de los casos, cuando no en lo decididamente malo. Envuelto en los mejores medios técnicos que existen en el mundo, eso sí.

 

El cine más grande del mundo es el de su Meca; mi gusto personal no es sospechoso del esnobismo de considerar que si algo vende no puede ser bueno. Ahí están  Los Beatles, como el mejor de los ejemplos. Pero últimamente no puedo dejar de pensar que las películas producidas en Los Ángeles, simplemente, carecen de historia. Kurosawa decía algo parecido a que con un buen guión se puede hacer una mala película, pero con un mal guión es imposible hacer lo contrario. En el Hollywood clásico, Faulkner, Chandler o Tennesse Williams solían ser nombres habituales en los créditos; algo sin posibilidad de comparación con el contubernio de coguionistas, sociólogos y pruebas de audiencia que parecen estar a los mandos  de los teclados hoy en día. Es cierto que los primeros también tuvieron que lidiar con las limitaciones del código Hays, pero lo hicieron con la habilidad de la escritura entre líneas, de lo sugerido, y no rebajaron nunca la esencia de sus obras en aras de lo descafeinado.

 

La conclusión es que, generalizando, la elección de un determinado film ante los carteles de los multisala, precedido por las expectativas creadas a partir de campañas publicitarias gigantes, suele ser habitualmente un ejercicio de frustración, del mucho ruido para tan pocas nueces. No hay nada comparable a disfrutar del sueño compartido de una película en un cine, pero, desde hace un tiempo, parece que es mucho más rentable el quedarse tranquilamente en casa, porque lo bueno, lo mejor, podemos verlo en nuestro televisor.

 

George R. R. Martin, el escritor de la saga de Juego de Tronos, vio en la televisión por cable, en la HBO, el único medio posible para la adaptación de su obra. El principal motivo, evidentemente, fue que un argumento tan largo difícilmente hubiera cabido en proyecciones de dos o tres horas; pero también lo fue el hecho de que el medio reflejaría con más libertad al libro, lejos como está de las concesiones fáciles al lector. Tres temporadas le han dado la razón y la serie se ha erigido como una de las mejores creaciones de fantasía medieval que se hayan realizado. Se le critica, a pesar de un apartado técnico impecable, cierta limitación económica en las escenas de batalla, de acción, sin tener en cuenta que no van por ahí sus pretensiones.

 

Juego de Tronos es una historia de personajes, de sus actos, de sus palabras. No es cine, no es el Señor de los Anillos. Ni falta que le hace.

Comentarios

Boris 17/06/2013 11:24 #7
Muchas gracias. Creo que, en general, la ficción televisiva en España poco tiene que hacer en su comparación con la americana. Como decía Jules Winnfield, no están en la misma liga; ni siquiera son el mismo deporte. Aunque está claro que hay series de calidad -vi Cuéntame en sus principios, por ejemplo- y las ha habido -últimamente he disfrutado de algún capítulo de la reposición de Curro Jiménez-
Javier 15/06/2013 12:27 #6
Por favor, ¡no me comparéis a Águila Roja con Juego de Tronos!
Pedro 15/06/2013 12:26 #5
Juego de Tronos es algo especial. Coincido con Boris. Sobre Águila Roja hay que tener en cuenta su elevado presupuesto. Hablaban de casi un millón de euros por capítulo.
Coque 15/06/2013 12:25 #4
También podríamos incluir en este apartado de series española a Cuéntame. Creo que tiene una buena producción y, aunque el guión nos pueda parecer simple, es un relato muy agradable. ¿Qué opináis?
Alfonso 15/06/2013 12:24 #3
Boris, me gustaría saber tu opinión sobre la ficción española. Creo que estamos llenos de casposidad, aunque en mi opinión se han hecho cosas interesantes como en su momento Siete Vidas o ahora Águila Roja. ¿Es todo cuestión de presupuesto o falta de talento?
Gonzalo 15/06/2013 12:22 #2
Impresionante tu relato, Boris. Estoy de acuerdo con tu planteamiento porque el cine actual no me dice nada.
Margarita 15/06/2013 12:21 #1
Boris, ¿de dónde has salido? Vaya delicia de blog. Felicidades!!!

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